¿Buscas a Dios?
¿Sientes el llamado a la vida benedictina monacal?
El proceso vocacional en nuestra comunidad comienza normalmente, con un periodo de acercamiento y mutuo conocimiento. Para aquellas personas que viven lejos, esto implica un acompañamiento virtual regular. Para aquellas personas que viven más cerca del monasterio, pueden visitarnos para conocernos y dialogar.
Si sientes atracción por la propuesta benedictina de nuestra comunidad, luego de un buen tiempo de discernimiento, es importante que realices una experiencia monástica dentro de la comunidad para experimentar la vida cotidiana en todas sus fases.
Al terminar la experiencia, el candidato o la candidata regresa a su casa, y si con la distancia permanece un deseo interior de vida contemplativa, se mantiene un proceso de acompañamiento y discernimiento para evaluar el seguimiento de un camino propio de formación.
El postulantado es una primera etapa de formación, generalmente de un año. Si el discernimiento mutuo indica que este es un camino posible, ingresa formalmente en la etapa de noviciado que durará 2 años. Si al terminar esta etapa, con un corazón deseoso de un compromiso más profundo y con una solicitud formal a la comunidad y su posterior aprobación, el novicio o la novicia realiza su primera profesión monástica, después de la cual podría solicitar y ser aceptada la profesión solemne luego de un mínimo de tres años de profesión simple.
La formación permanente en nuestra vida monástica, es un camino continuo de crecimiento humano, espiritual y comunitario, que busca profundizar cada día en la relación con Dios y los pobres, tejiendo lazos de Reino. A través de la oración, la lectio divina, el estudio, el silencio, el trabajo, la vida fraterna y la escucha de la Palabra, vamos configurando nuestra vida según el Evangelio y la Regla de san Benito. No se trata solo de adquirir conocimientos, sino de dejarnos transformar continuamente por Cristo para vivir con mayor fidelidad, madurez, discernimiento y apertura al servicio de la Iglesia, la comunidad y el pueblo.
Toda vocación nace de una llamada de Dios y se confirma mediante un camino de discernimiento. Los siguientes criterios buscan favorecer un proceso serio, libre y responsable, tanto para la persona que siente la inquietud vocacional como para nuestra comunidad. Más que requisitos administrativos, son condiciones que ayudan a vivir plenamente la vida benedictina y a responder con generosidad al llamado del Señor.
Ser soltero/a y no estar unido/a por vínculo matrimonial en el caso de la vida monacal.
Para la oblatura secular, la persona puede ser casada, soltera o consagrada, así como ser ministro ordenado.
Gozar de una salud física y psíquica compatible con las exigencias de la vida religiosa.
Estar libre de obligaciones familiares graves que impidan asumir los compromisos propios de la vocación.
No tener deudas u otras responsabilidades económicas que dificulten el ingreso.
Poseer una edad acorde con los criterios establecidos por la comunidad, siendo mayor de 20 años y menor de 45 años de edad, para la vida monástica.
Para la oblatura secular no existe un límite de edad.
Es importante señalar que cada proceso de discernimiento es distinto, por lo que invitamos a toda persona interesada a ponerse en contacto con nosotros y nosotras para conocernos mejor y dialogar sobre su inquietud vocacional.